Tras de la ventana
ya no circula la sombra
que alumbra el dia,
la madeja de hilos negros
que me tienen atado
el alma debil
Y el reloj pasa lentamente
encarcelando deseos
y torturando fantasias
infantiles concebidas
hace mucho tiempo ya
bajo la luz de luna
La sangre ahora raspa,
en la resistencia del suspenso
de los pensamientos desconocidos
que pretendo adivinar,
reencanarciones de
antigüos miedos
Sin filo los cuchillos
en mi boca, atacan las uñas
de mis dedos empapados
en acido de la indecisión
en tiner de la duda
En llamas abrazado el corazon,
espera la briza del invierno
aunque desea consumirse,
y en brasas renacer
sin recuerdos ni sufrimientos
y resginación
En el comienzo del final
del tiempo sin concebir
aun existe la esperanza
del nuevo amanecer
y sembrada la semilla
de un amor que parece perecer
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